Después de un año onco-sabático

Vuelvo / quiero creer que estoy volviendo
con mi peor y mi mejor historia
conozco este camino de memoria
pero igual me sorprendo
...

Mario Benedetti

Y aquí estoy,
retomando mis clases y talleres,
dándole forma a un nuevo espectáculo para mayo,
aprendiendo a hacer una pasta frola buenísima
y en notas como esta:

El malestar en la lectura


Porteños: Marta Lorente, narradora oral Defiende la narración hablada en tiempos en que la lectura multiplica sus fuentes. El oído, dice, tiene un efecto igualador. 
Con un libro. Esta docente y actriz no está de acuerdo con las campañas de lectura: “El verbo leer no soporta el imperativo”, explica.                              Foto: Diego Waldmann
Hernán Firpo
El revisionismo debería ocuparse de seres humanos como Marta Lorente, que se dedica a la narración oral en el living de su casa o donde tenga permiso. Posiblemente en extinción, el narrador oral –la cuentería misma– ha sido piedra angular de una industria fundamental del entretenimiento: la alfabetización. ¿Qué función cumple –o cumplió– ella en esta conspiración abecedaria?
  “Ay, me encantaría formar parte de una conspiración abecedaria. Toda conspiradora tiene mala fama y me haría sentir dentro de una película de espionaje. Yo sería una distribuidora, sin intermediarios, de las mejores historias para sumar lectores y oyentes desprevenidos”.
¿La lectura destruyó la narración oral? 
Tanto el libro como la alfabetización atentaron contra la narración oral en su forma originaria, donde la narración lo era a secas y no había otra forma. La llamada oralidad primaria era la que se usaba como medio para transmitir valores, noticias y todo aquello que una comunidad necesita para que perduren sus tradiciones. En una cultura oral, el conocimiento que no se repite constantemente, se pierde. Pero creo que la narración oral sigue viva porque despierta sensaciones interesantes: si yo entrego un texto al público para que lo lea, cada uno va a entrar en su propio mundo lector; el que lee se aísla. En la narración oral, el oído es un sentido unificador que logra una comunión en el auditorio.
¿Cuántos buenos lectores se perdieron por culpa de los edictos que obligan a leer?
Bueno, el “hay que leer” provoca la reacción contraria. Como dice Daniel Pennac, “el verbo leer no soporta el imperativo”. La lectura no puede imponerse ni decretarse. Según Macedonio Fernández es como decirle a una mujer algo tan absurdo como “¡Amadme!”.
¿Es necesario leer?
La lectura no te garantiza que te conviertas en buena gente, pero si no leés quedás al margen de la sociedad. Perdés voz y voto, perdés campanas. Se podrá aducir que la radio o la televisión te acercan, pero la lectura implica un nivel de reflexión que otros medios no permiten.
¿Estás de acuerdo en que la ignorancia de los pueblos incluye una buena campaña nacional de fomento de la lectura?
Trasmitir el hábito de la lectura es una tarea sutil.
Digo, una buena campaña de lectura de esas provocan el consabido rechazo...
No creo en las campañas. La promoción es absolutamente inútil. Sigo confiando en el modo en que yo me relacioné con la literatura: con los libros ahí. De hecho, trabajo como docente en escuelas normales, trasmitiendo el arte de contar historias a futuros docentes de primaria y de inicial, y aplico este estar ahí de los libros trabajando mucho en la biblioteca, para que los tengan bien a mano.
 ¿Leer autoayuda es leer?
 ¡Libros de autoayuda! ¡¿Quién no ha recurrido a alguno?! Todo es lectura, hasta para leer un prospecto medicinal hay que aplicar la comprensión y así no envenenarnos. Tal vez no podamos clasificarlos como literatura, aunque, pensándolo mejor, te trasladan a ese lugar al que querés acceder, seguramente distinto del que estás transitando y que no te sale bien.
¿La literatura continúa siendo algo contemporáneo?
La literatura siempre va a ser contemporánea mientras la humanidad siga siendo siempre tan parecida a sí misma, mientras se sigan clonando las historias de hombres, mujeres, gays, travestis en cualquier formato y soporte. Yo destaco la importancia de la lectura. Está en mi intención compartirla, mostrarla y contarla. Pero no podemos obligar a leer, porque si bien se puede admitir perfectamente que un individuo rechace la lectura, es intolerable que sea, o se crea, rechazado por ella. Y a esto agrego que mi obligación es facilitar los conocimientos para que cada uno pueda elegir libremente qué clase de literatura prefiere.
Nombrabas a Macedonio. El ya hablaba del “lector salteado” hace casi un siglo. ¿Se estaba anticipando a la Era de la Fragmentación?
No hay dudas acerca de la modernidad de Macedonio Fernández: fue el primer autor preocupado por la figura del lector. Dijo: “¿Qué es el Lector? El único que no ha encontrado hasta ahora la compasión de nadie”. El clasificó a los lectores en varias categorías, entre otras, el lector seguido y el lector salteado (el que entrelee). Y en eso se anticipó a esta manera actual de leer, donde hay tanto y, como no se puede con todo, se salta de un contenido a otro, con sus desventajas, por supuesto, que tienen que ver con la poca concentración, la inmediatez y la fragmentación.



1 comentario:

Leonor Ostrogue dijo...

¡Muy interesante! Dan ganas de escuchar...
Saludos cordiales!
leonor Ostrogue